Y no hay peor combinación que el consumismo y la tacañería; porque el primero puede llevar a la gente al extremo de hacer locuras como la que hizo aquel joven chino, y la segunda hace que la gente le otorgue demasiada importancia al costo de cualquier cosa y de todas maneras busque el máximo de ahorro sin pensar en otras cosas como la calidad o la satisfacción y confort personal. Esta combinación de elementos siempre es como gasolina y fósforos para un grupo de personas dedicadas a hacer dinero de una forma tan ilícita como despreciable: los falsificadores.




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